Canción mía de Luis Gonzalo

El 26 de julio de 2022 los medios de comunicación se hacían eco del fallecimiento del pintor jerezano Luis Gonzalo González cuya memoria también estaba vinculada al Colegio Argantonio del que fue profesor en los años setenta y a José Manuel García Gómez que le prologó en 1977 su poemario Canción mía. Compartimos aquel prólogo como muestra de la amistad que ambos se profesaron:

Luis Gonzalo, el joven profesor y pintor nacido en Jerez de la Frontera, que tantas veces nos ha maravillado con el hermoso arcoíris de su paleta, nos sorprende ahora con este libro de versos en el que ha dado cita, una vez más, a sus inquietudes pictóricas para convertirlas aquí, por obra y gracia de su salado ingenio, en ritmos de muy bellas resonancias líricas.

Admirábamos y admiramos, la acusada personalidad de pintor que hay en Luis Gonzalo, su evanescente realismo, su plácido abecedario de colores, el limpio espejo de su paleta, el trato amoroso que siempre sabe dar a todo lo que toca, el halo poético que inunda sus creaciones pictóricas, pero desconocíamos, y aún no hemos salido del asombro, esta soterrada corriente de poesía (de poesía en el poema) que ahora surge fresca y fragante como la canción juanramoniana que Luis Gonzalo ha espigado, entre el  dorado trigal del poeta onubense, para que figure en las primeras páginas de este libro que él dedica a su mujer.

De la mano de Juan Ramón Jiménez (la verdad es que no cabe un apoyo más excelso por mucho que cambien las modas y los modos), Luis Gonzalo ha escrito este libro, hermoso y raro como una rara y hermosa piedra preciosa, en el que incluye veintitrés poemas de inquietudes y contenidos muy diversos.

Y decimos de la mano de Juan Ramón Jiménez porque nuestro joven poeta jerezano ha querido titularlo con el primer verso de un poema juanramoniano: Canción mía.

Luego no ha hecho otra cosa, y ya es bastante, que intentar mantener, a través de sus veintitrés poemas, la emoción y la gracia, la frescura y la fragancia que el poeta de Moguer consiguió para su dilatada, purísima y ejemplar obra poética.

Los poemas de Luis Gonzalo son breves, rápidos, dulcemente heridores. Parecen pinceladas de un gran cuadro, son como flechas disparadas al gran blanco de la poesía, como aristas vivísimas de un peligroso diamante. Sus versos son afilados, parecen como esas estrellas fugaces que alumbran un momento los cielos del  verano para dejar luego el hermoso rescoldo de las luces ausentes, de las llamas que apenas afloraron. Parece como si Luis Gonzalo intentara traducir a palabras, convertir en palabras, ese martilleo de situaciones y colores, de impresiones y sentimientos que mueven sus pinceles de honesto y logrado pintor.

Canción mía es una muestra indudable de las nobles y muy variadas inquietudes que se dan cita en Luis Gonzalo, una prueba más, a tener muy en cuenta, del riquísimo y complejo mundo interior de este joven jerezano que, entregado muy de lleno y con muy buen pie a las tareas de la pintura y la docencia, ha querido hoy bucear animosamente en el mar insondable de la poesía.