Cuatro canciones para Manuel de Falla
Estas Cuatro Canciones para Manuel de Falla fueron publicadas en 1977 y rompieron el silencio literario de José Manuel García Gómez en los años setenta. Son poemas en los que predomina un verso claro y musical que se mira en el espejo de la Andalucía que vibra en la música del gaditano Manuel de Falla al que el espíritu melómano de García Gómez acudió muchas veces. El libro estaba dedicado a sus hijos José Manuel, Daniel y Luis.
FUENTES DEL GENERALIFE
Por el Generalife
tú música es un río,
de agua pura
que de la nube al suelo
se apresura
y en un surtidor de fuente
se derrama.
Tu música es el agua
de Granada
que,
en el claro cristal de su frescura,
ronda la luz dorada
de la Alhambra.
Tu música es el agua
de Granada
con ritmos de albaicines
soñolientos
y celestes rasgueos
de guitarra;
tu música es el llanto
de Granada
a la luz de la luna
y de la llama.
Tu música es el agua
de Granada
que,
al pie de los jardines,
se dispara
y en el azul remoto
se dispara.
JAZMÍNEZ Y AZAHARES DE CÓRDOBA
Jazmines y azahares
coronaron tu música
por Córdoba.
A la infancia floral
del jazminero
y al levísimo cáliz
del naranjo,
huerto prestaste
en el clamor pautado.
Blanca,
por Córdoba,
se estremeció
tu música.
Hecha la noche
en el jardín de España,
jazmines y azahares
compitieron,
con su blanco temblor
iluminado,
en el blanco sin fin
del pentagrama.
ESTANQUES Y PALMERAS DE SEVILLA
Estanques y palmeras
de Sevilla:
mansos espejos
sin sombras ni corrientes,
verdor de los jardines
y palmas a las brisas.
Por Sevilla,
tu música aletea
y copia
del estanque
la armonía
de su alado cristal.
Por Sevilla,
tu música se mece
y juega
a la palmera
que despeina
sus verdores al viento.
Por Sevilla
tu música es la torre
que,
en el estanque de la noche
sueña,;
por Sevilla,
tu música es el bosque
que, en el sosiego de las sombras
sueña.
Tu música es un sueño
por Sevilla,
del que nunca despiertas.
MAR DE CÁDIZ
Ni fuentes,
ni jazmines,
ni azahares,
ni estanques
ni palmeras.
Se hizo a la mar
tu música
por Cádiz,
y el trino se hizo brío
y el sosiego, oleaje.
Los verdores del bosque,
al compás de las quejas
de los rudos atlantes,
en azules marinos
se rompieron.
Se hizo a la mar
tu música
por Cádiz
y en sus trémulos sones
resonaron
las saladas cadencias
del pavoroso océano.
Al chorro de la fuente
y a la muda presencia
del estanque
vencieron los acordes
de tu mar gaditano:
de tu mar
que ahora mece
tu final aventura
y que ayer
te ofreciera
su pleamar jubiloso,
su arrebatada onda
y su encrespado acento;
de tu mar gaditano:
de tu mar
que,
por obra
de tu inspirado gesto,
en la noche de Cádiz
convertiste
en plenitud sonora
y en raudales de músicas
y voces.
