Julia Uceda in memoriam
Julia Uceda apareció en dos números de la revista Caleta que dirigía el poeta gaditano José Manuel García Gómez, en los años cincuenta de la pasada centuria. En el primero de ellos (N.º 9) entrega el poema titulado “Margarita” dedicado a un muchacho que murió en primavera: «Yo no te conocí/ pero te ofrezco, sobre tu tumba abierta en primavera/ este pequeño sol para tus huesos…» Más adelante asomará en el poema la margarita que le da título. En otra Caleta, la duodécima, Julia Uceda publica el poema «El despertar» que García Gómez lo sitúa en el orden poemático dialogando con su «Oración para pedir el amor»:
La hora sonará bajo las anchas copas
azules de los vientos; debajo de las lámparas
eternas de la noche. Sobre las densas selvas
correrá una caricia, un temblor, una angustia…
y en las tiernas raíces de las rosas
habrá una bocanada de sangre más caliente (…)
He aquí la primera estrofa del poema de Julia marcado por sutiles encabalgamientos. La poesía gaditana estrechaba lazos con la poesía sevillana. Por las páginas luminosas y marítimas de Caleta asoman Manuel Mantero, Rafael Montesinos, Rafael Laffón, Manuel García Viñó, María de los Reyes Fuentes y Julia Uceda que nos dejó en 2024.
Eran tiempos de juventud cantada. José Manuel García Gómez escribía frente al mar del verano. Soñaba. Dibujaba canciones en el aire. Y se escribía con los otros poetas y se encontraba con ellos, allá o aquí. Hay un tren lento que le lleva hasta Sevilla donde Mantero le aguarda y le abraza. Y en esas charlas de café salen disparados a buscar la casa natal de Cernuda, la memoria de Ocnos y a contarse las cosas de la vida. Y en ese ir y venir aparece el nombre de Julia, promesa cierta de la lírica sevillana. Todo eso ocurre antes de que estos poetas del Sur, de la Sevilla lírica hagan la maleta y se marchen a un exilio voluntario y necesario, a explicar la literatura en otras tierras más propicias.
Abrimos su Mariposa en cenizas de 1959, colección Alcaraván. Es este el milagro de la biblioteca de García Gómez que nos lleva hasta las ediciones originales de Julia Uceda sin acudir a librería de viejo alguna. Y hallar la hermosa dedicatoria que vence al tiempo que horada los espejos: «Para José Manuel en la sincera amistad y el afecto de Julia Uceda. Sevilla, noviembre de 1959». Aún Julia no había emprendido vuelo. Manuel Mantero prologaba su aventura lírica con un verso de Góngora como inspiración sonora: «Mariposa en cenizas desatada». Los datos biográficos de Julia incluían la aventura de la revista Rocío en una travesía compartida con Manuel Mantero.
Julia habla de la tristeza de su cuerpo, de este árbol que es y al que le fue mordiendo el hacha negra del silencio, el hacha roja de la desesperación. La poeta le pregunta a Dios por la escondida luna de su muerte. Tan joven, pero con su agonía en la lírica estremecida. En Mariposa en cenizas está incluido «El despertar», el poema que antes apareció en Caleta.
Extraña juventud, otro libro de Julia, sale en la colección Adonais en 1962. La voz de la poeta se revela más intensa y madura. Es un poemario inmensamente humano donde la poeta se dirige a sí misma en el poema «La trampa»: «Julia Uceda, qué has hecho de tu sombra/ Mujer sin huella, cuerpo/ sin apellido/ denominas al humo, a las lluvias y al viento/ A todo lo que pase y se borre y se pierda…» En otro poema la palabra trapero resuena como una vieja marca de posguerra. ¿Dónde está Dios? Es la pregunta del poema «Los ojos». «Se fue con los traperos/ se escondió en la cornisa/ del templo, en el verdor/ pétreo de las ruinas». Poesía existencialista (cita de Heidegger incluida), poesía de buscarse entre el gentío, de poner el labio en el hallazgo, de distinguirse entre la multitud hasta encontrar la voz definitoria.
Julia Uceda en los cielos del poema que titulaba “Tiempo para ahuyentar la muerte”, uno de sus últimos cantos de Extraña juventud. La muerte que finalmente la alcanzó, pero su verso de manantial sereno sigue brotando como la rosa de su poema. «Ved esta rosa/ Fue/ criatura de Dios, centro del mundo/ Hoy yace, en el viento del Sur/ sin memoria de entonces…».
