Los muertos

Joan Margarit recita a José Manuel García Gómez from Luis García Gil on Vimeo.

Joan Margarit recita el poema «Los muertos» de José Manuel García Gómez. Documental En medio de las olas de Pepe Freire y Luis García Gil.  Sirva también de homenaje al poeta catalán.

Este poema asomó en las páginas de la revista malagueña Caracola en un número en el que también colaboraban Jorge Guillén, Carmen Conde o Carlos Drummond de Andrade. Para ser más exactos el poema de García Gómez  figura en el número 37 de la revista, un número fechado en noviembre de 1955. El poeta va a cumplir veinticinco años y “Los muertos” revela su preocupación por aquellos que se durmieron en el Señor y a los que el olvido irá cubriendo con una nieve fácil. Estamos ante uno de sus mejores poemas, de los más intensos, maduros y reveladores de un poeta que se encontraba en una etapa de búsqueda personal y crecimiento en su manera de entender la palabra y el verso.

LOS MUERTOS

La nieve fácil de los muertos

L.R.

1

Se llamaba.

Ahora ya casi nada. Antes tenía

como el mar, como un nombre;

ahora tan solo una mirada,

unos ojos vacíos de la tierra,

una estéril llanura sobre el vientre.

Se llamaba.

Tenía un nombre de mujer. A plata le sonaban las palabras,

y ahora todo lo dulce se le escapa

por un hueco.

Era estéril porque es mejor así.

Otro hombre no fue capaz

de arrinconarla, de cambiarle la vida,

de crecerle de plano las entrañas.

Se fue como una luz. Tenía

una esperanza detenida.

Ahora ya casi nada, casi tierra

la nieve fácil de los muertos.

2

Ya no me atrevo. Una cruz

y a irte olvidando poco a poco.

No volveré. Quiero dejarte quieto

con la tierra, quiero que tú conozcas,

que te palpes el corazón, los ojos,

las entrañas, así de quieto,

hundido lentamente, esperando que el agua

te cale hondo desde arriba abajo.

 

Vives; el fondo de la ola

también tiene un soplo que no late.

Tu nombre. Diez años hace.

Cualquier nombre te viene, otro muerto

cualquiera podría ser tu hermano,

y llamaros de pronto y contestaros

como quien vive hoy y canta por la noche.

Tu nombre. Esa es la nieve fácil

de los muertos.

Tu nombre, y la voz de los muertos

que empiezan por tu nombre.

3

Aquí yace. Se durmió en el Señor.

Iba y venía por la vida,

Pero un buen día prefirió

pararse.

Aquí y en el recuerdo.

Su nombre, ni eso siquiera; sobraban

las palabras. Se llamaba Soledad

por la tarde.

Subió a los cielos. No había mentido

ni se soñó mujer con algún hombre.

Se asomaba a la tarde

y esperaba todos los gorriones.

Fue tan simple que un día se murió

mientras venía.

Soledad por la tarde era otra nieve

fácil de los muertos,

era como un quince o un doce

de diciembre.